El 6 de abril de 1993, Makome M’Bowole, un chico de 17 años, moría de un disparo en la cabeza mientras estaba esposado en una comisaría de policía en París. La policía alegó legítima defensa para justificar el disparo. Durante una semana se produjeron enfrentamientos entre los jóvenes del barrio y la policía. Estos hechos impulsaron a Kassovitz a rodar El odio, irse a los suburbios y preguntar desde allí cuáles eran las razones de aquella situación.

La ciudad de las luces y del glamour contrastaba con la mala situación de estos barrios donde se aislaba y almacenaba a las clases más bajas como si fueran mercancía en un almacén. Todo esto provocó la ira de esta población que se levantó contra el sistema mediante manifestaciones, revueltas y diversos actos para poder poner algo de luz a su futuro y también a su presente. En este film, Kassovitz, sabe retratar a la perfección esa marginalidad y los prejuicios sociales contra los que también tienen que combatir los habitantes de estas zonas como el racismo. Los tres protagonistas todos de diferentes razas y creencias (un judío, un árabe y un negro) pelean por ser los dueños de su propio destino como hacían miles de jóvenes aunque en ocasiones de manera negativa como representa Vinz en esta película.
A pesar de ser una película de hace más de veinte años, su mensaje sigue perdurando y pudiendo ser aplicado a la actualidad. La situación de estas zonas no solo no ha mejorado si no que ha empeorado, estos problemas sociales ya no solo se encuentran zonas «conflictivas», las ciudades se ven cada vez más afectadas por estos como observamos con las agresiones homófobas, machistas, racistas etc. Es por esto que Kassovitz afirmó en una entrevista que pretende hacer una secuela de esta película para poder denunciar los abusos producidos en pleno siglo XXI.